Irregularidad sobrevenida: queremos vecinos

Irregularidad sobrevenida:  queremos vecinos

En ocasiones, las leyes pueden no ser justas. Esto es lo que ocurre con la Ley de Extranjería, como refleja la nueva campaña de “Irregularidad sobrevenida, que lanza la red de Cáritas a la que nos sumamos desde Huesca, dada la importancia e incidencia que tiene este aspecto en la vida de gran parte de las personas que acompañamos a diario.

Con esta campaña de sensibilización e información queremos acercar a la sociedad a una realidad invisible: la irregularidad sobrevenida. Esta expresión hace referencia a una situación administrativa en la que muchas personas migrantes se quedan cuando, por diversos motivos, dejan de cumplir los requisitos de la Ley de Extranjería.

Con “Esperábamos trabajadores, vinieron personas y queremos vecinos”, queremos mostrar distintas situaciones de irregularidad sobrevenida en las que se encuentran tantas personas migrantes que son invisibles en nuestro país. Esta campaña es la continuación de «Compartiendo el viaje«, centrada en la movilidad humana.

Irregularidad en primera persona

Fabiola es una mujer de 50 años, que vino a España en busca de un trabajo con el que mantener a su familia en Ecuador. Después de seis años trabajando en diversos sitios limpiando y como interna, consiguió que le hicieran tres contratos en varias de las casas. Mientras cuidaba a un señor mayor, consiguió su permiso de residencia, pero al poco tiempo, el señor falleció y Fabiola ya no pudo conseguir otro trabajo de jornada completa.

Consiguió contratos en tres casas distintas, en dos, limpiaba y cocinaba y en la tercera, cuidaba, de noche, a una señora mayor. Una situación que la llevaba a trabajar más de 40 horas semanales y le impedía descansar por las noches. Sin embargo, estaba decidida a continuar, consiguió juntar toda la documentación necesaria y le concedieron el permiso.

Al poco tiempo, en una de las casas le redujeron las horas, pero decidieron seguir cotizando por ella (quitándoselo del sueldo) y pudo renovar su primera tarjeta. Llegó la pandemia y los hijos de la señora decidieron prescindir de los servicios de Fabiola. De nuevo tuvo que volver a empezar, en busca de otro contrato. Fabiola necesitaba cotizar más para asegurarse la renovación.

¿Cómo afecta a las empleadas de hogar?

La organización de trabajadoras de hogar «Territorio Doméstico» escribió una carta al Gobierno central en plena pandemia solicitando ayudas para el sector. Un ámbito, que según subrayaban en su epístola, es un “eslabón que cubre unas necesidades de cuidados que ni las instituciones públicas ni los gobiernos quieren ver”.

Para una empleada doméstica, es difícil reunir los requisitos legales para conseguir la tarjeta de residencia. Entre otros, se exige que cuente con un contrato de trabajo de cuarenta horas semanales y duración indefinida, con un sueldo no menor a 1.000 euros, entre otros requisitos.

Cáritas trabaja con miles de personas como Fabiola en situación administrativa irregular, por circunstancias muy diversas. Personas invisibilizadas. Pensamos que la puerta de acceso a los derechos fundamentales no debe ni puede ser el mercado laboral. La Ley de Extranjería está orientada a la regulación del flujo de mano de obra extranjera, pero detrás de todo ello, hay personas.

Proponemos que las raíces que poco a poco van creando con su comunidad y vecindad, que se materializa en el empadronamiento, sea garantía para renovar o acceder a una situación administrativa regular, al disfrute de derechos básicos.

Esperábamos trabajadores, vinieron personas y queremos vecinos.