Reivindicación de igualdad real entre hombres y mujeres en el Día Internacional de la Mujer

Reivindicación de igualdad real entre hombres y mujeres en el Día Internacional de la Mujer

Desde Cáritas Diocesana de Huesca nos unimos a la celebración del Día Internacional de la Mujer para reivindicar una igualdad real de derechos entre hombres y mujeres. Durante 2020 hemos atendido directamente a 1.226 mujeres, lo que supone un 56%, más de la mitad de las personas atendidas.

El porcentaje de mujeres acompañadas desde los programas de Promoción y Empleo se eleva hasta el 65%. Esto significa que dos tercios de las personas que participan en los proyectos educativos y de empleo de Cáritas Huesca son mujeres.

A pesar de que la igualdad jurídica se contempla en la Constitución, en nuestro día a día constatamos que sigue habiendo injusticias y desigualdades por razón de género, especialmente entre aquellas mujeres que se encuentran en una situación más vulnerable.

Con rostro de mujer

La discriminación es múltiple, no solo por la pobreza o por pertenecer a una cultura determinada, sino por el simple hecho de ser mujeres.  Esta condición unida a una pesada carga de obstáculos que impone la sociedad, el sistema, la cultura o las creencias, impide que haya igualdad real de oportunidades y derechos entre ambos sexos. 

“Entre las mujeres que atendemos desde Cáritas Huesca, que en su gran mayoría son personas en situación de alta vulnerabilidad, hemos constatado algunos factores que perpetúan esta situación como la desigualdad en el reparto de tareas domésticas y cuidado de familiares, la violencia de género, la dificultad o renuncia a acciones formativas y laborales, entre otras cuestiones».

«Además las mujeres son fundamentales en los cambios en sus familias y comunidades, en los cambios sociales en general. Su capacidad de adaptación y sus ganas de mejorar las condiciones de su entorno se demuestra en todos los proyectos en los que participan”.

Nuria Sastre, coordinadora de Acción Social de Cáritas.

Nuestro modelo de trabajo busca el acompañamiento integral de las personas, basándose fundamentalmente en relaciones personales, sociales y económicas igualitarias. “Desde ese acompañamiento trabajamos para promover el empoderamiento de las mujeres y las relaciones equitativas entre ambos sexos. Todo ello para crear y construir una sociedad más justa y solidaria, una comunidad realmente vinculada”, apunta Jaime Esparrach, secretario general de la entidad.

Mujer y migrante

Este año queremos destacar una situación concreta que afecta a un elevado número de mujeres, que trabajan como empleadas de hogar. Un sector que arrastra condiciones muy precarias desde hace años, ocupado en su mayoría por mujeres migrantes en situación de irregularidad sobrevenida.

Este es el caso de Fabiola, que vino a España en busca de un trabajo para mantener a su familia en Ecuador. Después de seis años trabajando en diversos sitios limpiando y como interna, consiguió que le hicieran tres contratos en varias de las casas. Mientras cuidaba a un señor mayor, consiguió su permiso de residencia. Al poco tiempo el señor falleció y Fabiola ya no pudo conseguir otro trabajo de jornada completa.

Consiguió contratos en tres casas distintas, en dos, limpiaba y cocinaba y en la tercera, cuidaba por la noche a una señora. Una situación que la llevaba a trabajar más de 40 horas semanales y le impedía descansar por las noches. Sin embargo, estaba decidida a continuar, consiguió juntar toda la documentación necesaria y le concedieron el permiso.

Y llegó la pandemia

Pasado un tiempo, en una de las casas le redujeron las horas, pero decidieron seguir cotizando por ella (quitándoselo del sueldo) y pudo renovar su primera tarjeta. Llegó la pandemia y los hijos de la señora decidieron prescindir de los servicios de Fabiola. De nuevo, ha tenido que volver a empezar, en busca de otro contrato. Fabiola necesita cotizar para asegurarse la renovación.

Para una empleada doméstica, es difícil reunir los requisitos legales para conseguir la tarjeta de residencia. Entre otros, se exige que cuente con un contrato de trabajo de cuarenta horas semanales y duración indefinida, con un sueldo no menor a 1.000 euros, entre otros requisitos. En Cáritas trabajamos con muchas de mujeres como Fabiola, mujeres invisibilizadas. La puerta de acceso a los derechos fundamentales, como la igualdad, no debería verse alterada o cerrada por razones de género.