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27 de noviembre de 2011.
El domingo 27 de noviembre, Cáritas Diocesana de Huesca, celebra, al igual que en toda España, el día de las Personas Sin Hogar bajo el lema “Todos somos ciudadanos, nadie sin hogar”, con la que se pretende sensibilizar a la sociedad sobre los graves problemas que marginan y privan de sus derechos más básicos a las personas que carecen de hogar, poniendo voz a los “sin voz” y cara a los “invisibles” y uniendo así nuestra denuncia a la de cientos de entidades sociales que en toda la Unión Europea están trabajando de manera conjunta con el objetivo común de “Acabar con el sinhogarismo es posible” para el año 2015.
Son muchas las causas que provocan que una persona se quede sin hogar y siempre no es una causa única sino una concurrencia de causas múltiples: pobreza, desempleo, carencia o ruptura de vínculos familiares, deficiencia psíquica, discapacidad o enfermedad crónica, salida de residencias institucionales (prisiones, hogares de menores...), emigración, desahucio, drogadicción,... Y una vez que la persona se habitúa a vivir sin hogar la situación se complica porque si, de un lado, se siente sin ataduras y sin responsabilidades, pero de otro, se sabe tan hundida que su dignidad y autoestima están por los suelos; su soledad y carencia de ocupación útil le lleva en ocasiones a refugiarse en el alcohol y en las drogas; todo ello, unido a su abandono, indigencia y falta de aseo provoca el rechazo social más absoluto.
Mucha gente los califica injustamente de vagos, maleantes y viciosos y les manifiesta miedo. Incluso las Administraciones locales, encargadas de los Servicios Sociales, los trata con recelo e intentan evitar que se arraiguen en una población determinada, por lo que sus ayudas se limitan siempre a atenderles unos pocos días, pasados los cuales, se ven compelidos a vivir y dormir en la calle o a trasladarse a otro municipio, en el que sus Servicio Sociales les den alojamiento y comida otros pocos días y así de forma permanente, de población en población, sin arraigar en ninguna parte y sintiéndose desplazados de todos los sitios. De aquí que se les conozca también con el nombre de transeúntes. Y sin arraigo, es imposible que puedan reinsertarse en la sociedad por lo que se ven atados a una situación sin salida alguna.
Si de forma unánime todos los ayuntamientos decidieran darles acogida sin limitación temporal alguna, dejarían de recorrer todo el país y se estabilizarían en su entorno social natural, en el que han vivido y arraigado, donde la salida de su situación de pobreza sería más fácil.
Las personas sin hogar viven, por tanto, de la forma más extrema la pobreza y la exclusión y marginación social, hasta el punto de ser discriminadas y excluidas del acceso a derechos fundamentales. Y, sin embargo, como indican los promotores de esta Campaña, “salvaguardar los derechos de las personas sin hogar es vital”, porque revela que el grado de protección de la dignidad de todos los ciudadanos se extiende hasta la defensa de los derechos fundamentales de los más degradados y excluidos, como son los que carecen de hogar.
La campaña de este año pone especial énfasis en la importancia del empadronamiento para la salvaguarda de los derechos de las personas sin hogar, tanto de los derechos de participación política como de otros derechos sociales, en especial parala obtención de la tarjeta sanitaria o el acceso a las políticas públicas de vivienda, de los que en la actualidad se ven excluidos. De hecho, la normativa vigente establece el empadronamiento de cualquier persona que viva en una localidad, aunque resida en una infravivienda, una caravana o una cueva, siempre que sea posible su localización. Debería de admitirse también, como domicilio ficticio, cualquiera otro que así quede determinado por los Servicios Sociales (como la propia sede de estos, o de un albergue, centro o residencia social pública o privada) para aquellas personas que no tengan techo alguno, como forma de poder garantizarles el ejercicio de unos derechos básicos que se les ha quitado por la única razón de ser tan pobres que carecen de un hogar propio.
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